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30 diciembre 2010 4 30 /12 /diciembre /2010 16:30

Enero de 2011

 

                Empezamos el nuevo año como despedimos el anterior: de la mano de María. Vamos a fijarnos en este mes de enero, sobre todo, en las enseñanzas que nos deja el Magníficat. Veremos a María asumiendo riesgos para hacer una obra de caridad y, sobre todo, podremos entrar en lo más íntimo de su alma y contemplar la catedral de humildad que se aloja allí, al oírla proclamar que Dios es el que hace todas las maravillas.

 

 

                Primera semana

 

El riesgo de amar.

La siguiente etapa de la vida de la Virgen que quiero comentar es la relacionada con su visita a Ein Karem. Allí vivía su prima Isabel. El arcángel Gabriel, a la vez que solicitaba el permiso de María para que se produjese la encarnación del Hijo de Dios, le informaba de que Isabel estaba en estado, a pesar de su edad avanzada, y de que era estéril.

No sabemos cuánto tardó María en percatarse del alcance de la noticia de lo ocurrido con su prima, conmocionada como debía estar con su propia situación y con el trance de dar a conocer a sus padres y a su novio su propio y milagroso embarazo. Lo que sí sabemos es que, no muchos días después, María se puso en camino hacia el sur, hacia Ein Karem, para estar al lado de Isabel.

 

Todo lo que podamos decir sobre las motivaciones de la Virgen al hacer ese viaje cae en el terreno de la especulación más o menos piadosa. Lo que sí es cierto es que se trataba de un riesgo y de un riesgo no pequeño. Hay que tener en cuenta el clima de inseguridad de la época, pues Israel era una colonia romana en la que no faltaban los atentados contra los legionarios, los robos y los asaltos a los viajantes. María debió viajar, seguramente, en una caravana, pero, aún así, el riesgo existía. Existía, además, otro riesgo para ella como futura madre. Aunque el embarazo fuera tan reciente, debido al extraordinario tesoro que custodiaba en su vientre, lo más aconsejable hubiera sido que pasara los nueve meses restantes entre algodones, mimada y atendida al máximo con el fin de que la criatura que se formaba en sus entrañas no corriera ningún tipo de peligro. No fue eso lo que hizo. Por el contrario, pocas semanas después de la encarnación la vemos en Ein Karem, a varios días de jornada de su hogar en Nazaret, en la casa de su prima. Tal riesgo sólo podía correrse por alguna causa lo suficientemente seria que lo justificase.

 

Si María se hubiese quedado con Isabel hasta después de dar a luz, podríamos pensar que lo que hizo fue una huida de Nazaret para no dar qué hablar. Pero el hecho de que, mucho antes del parto, la volvamos a ver de regreso en su pueblo, excluye esa hipótesis. Sólo queda, pues, una causa: la caridad.

 

María fue a Ein Karem por amor. Enterada de que su prima, de edad avanzada, se enfrentaba al trance de dar a luz a su primer hijo, no quiso que le faltara la ayuda de alguien próximo, de alguien que pudiera servirle de confidente y de consuelo. La relación entre ambas familias debía ser muy estrecha para que ese viaje se llevara a cabo, lo cual parece justificado con el anuncio del arcángel Gabriel, el cual habla a María de una persona muy conocida para ella, no de alguien con quien no tiene contacto desde hace años.

 

Isabel y Ana, las dos familias, debían ser, pues, muy allegadas. Esa amistad justificaría y haría necesaria la visita de María a su prima. No obstante, el riesgo permanecía inalterable, al margen de las motivaciones que hubiera para llevar a cabo el viaje.

 

Vemos, pues, a María dándonos el primer ejemplo de caridad después de habérnoslo dado de confianza en Dios, de fe en que lo que el Señor había prometido se cumpliría. Si ante el arcángel ella se mostraba como la esclava del Señor que estaba dispuesta a correr los riesgos que hicieran falta para hacer lo que Dios le pedía, ahora la vemos ejecutando esa promesa, llevándola a la práctica. Por amor a Dios, aceptó la encarnación; por amor a Dios hizo un largo, pesado y peligroso viaje para ayudar a una anciana que estaba a punto de tener su primer hijo.

 

No podía tener Jesús mejor educadora. Cuando el Señor, años después, se juegue la vida para curar a un enfermo en sábado, o cuando provoque las iras de los bienpensantes al evitar que una mujer fuera apedreada por adulterio, no estará haciendo otra cosa más que llevar a cabo los ejemplos que su Madre le dio desde su misma concepción, cuando todavía era un pequeño embrión en su cálido vientre.

 

 

Propósito: Agradecerle a Dios el ejemplo dejado por la Santísima Virgen, que no dudó en correr riesgos para llevar a cabo un acto de caridad. E imitarla.

 

frmaria

 

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