La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Leo en esta web que se ha publicado un estudio proponiendo que el infanticidio sea legal. Siguiendo con los giros lingüísticos de moda, “el infanticidio es una mera opción”. Por otra parte, leemos que en uno y otro país, se legaliza el aborto. En ambos casos, no solo se legaliza si no que se establece como un derecho de… la madre. Es decir, antes era delito, luego era una solución a un problema y ahora pasa a ser un derecho de la madre (en esto me alegro de que no mencionen a los padres). Por tanto, podemos inferir (es un proceso de lógica que nos puede permitir anticipar el futuro) que, si en los países en los que antes se puso en marcha este fenómeno ya estamos considerando que la diferencia entre un feto (cosa que vive en el vientre de su madre) y un bebe recién nacido (cosa que vivía en el vientre de su madre pero que por imperativo de la naturaleza ya no está dentro pero que en el fondo sigue siendo una cosa) es nula, podría parecer que habíamos avanzado mucho. Al fin y al cabo es lo que los católicos decimos, la diferencia entre un bebe en el vientre de su madre y otro que ya ha nacido es,…nula. Son personas.
Pero hemos que no, no solo hemos avanzado, hemos retrocedido y mucho.
Ahora resulta que ni es una persona con dignidad en el vientre ni fuera del vientre. Si no tiene dignidad, si esa dignidad nos la da un parlamento, una organización supranacional o un tribunal de derechos humanos, por tanto tampoco tiene derechos, se los dan. Como sabéis, los derechos van de lo más sublime a lo más básico, si “algo” no tiene derecho a una vivienda digna, ni a un medio ambiente sostenible, para qué puñetas (ustedes disculpen) le vanos a dar derecho a la vida a “eso”.
Sabemos lo que ha pasado, la presión relativista nos ha hecho borrar el concepto de lo absoluto de nuestra vida. El derecho a la vida no es absoluto según muchos contemporáneos y así muchas otras cosas. Si es arbitrario el momento en el que comienza la vida, no es la concepción (perdón fecundación), si no es el nacimiento, ¿Será cuando diga sus primeras palabras? ¿Cuando hable? ¿Con la pubertad? Y claro, si fijamos el inicio, obviamente podemos fijar el final. ¿Será con la muerte cerebral? ¿Con la muerte cardiaca? O ya puestos, ¿con esa tos que no me gusta nada? Nos han quitado el valor absoluto de la vida, nuestros hijos tendrán que oír de nosotros, no del mundo, que la vida es sagrada y que viene de Dios. Que cuando el hombre ha decidido sobre esos temas decide que, por ejemplo, hay esclavos, hay razas o castas inferiores, no puedes tener más que un hijo y eso si es varón, si es una niña, tampoco y así una larga lista de ejemplos.
Pensando sobre estas cosas, me acuerdo de una de las Lecturas de la semana pasada. Jesucristo enseñando a sus discípulos cómo rezar al Padre. Últimamente esta oración viene una y otra vez a mí. Leí un texto del que os di referencia y tras leer el texto de Mateo, me choca la última frase: “y líbranos del Maligno..” Cuando rezamos, decimos “líbranos del mal..” pero Mateo cita a una persona concreta, al Maligno. Acudo a BXVI en el primer tomo de “Jesús de Nazareth” y nos dice que en traducciones modernas se ha sustituido la traducción del Maligno por el mal. El Maligno existe y su mayor habilidad es que no se hable de él y la verdad, cómo cambia el contexto de la frase del Padrenuestro si se pone la palabra original.
Y solo el Maligno puede estar detrás de esta nueva oleada de anti-Dios, de anti-hombre. Dios nos ha dado la dignidad por el mero hecho de crearnos a imagen y semejanza suya. El Maligno nos manipula y nos hace pensar que somos como dioses entregando o quitando la dignidad, dando o quitando derechos.
Rezaré mi Padrenuestro como siempre pero cuando medite sobre la última frase, ya no será una apelación genérica al mal, sabré que estoy pidiendo a Dios, con la ayuda de Su Hijo y Su Madre, para que me libre, para que nos libre del Maligno, amen.