La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Queridos franciscanos de María, la palabra de vida de esta semana incide directamente en el núcleo de nuestra espiritualidad: el agradecimiento. Nos muestra el ejemplo –el mal ejemplo- del hombre curado de la lepra que, a pesar de haber recibido tan gran regalo, hizo lo que Jesús le había prohibido y con ello le creó grandes problemas al Señor. Lo que debemos preguntarnos es si nosotros, quizá sin darnos cuenta, no estaremos haciendo lo mismo. ¿Qué hacemos o qué hemos hecho con los dones recibidos? Se habla con frecuencia de que los problemas llevan a muchos a alejarse de Dios, a preguntarse cómo es posible que Dios los permita si es amor. No me cabe duda de que eso sucede, pero también sucede justo lo contrario y creo que con mayor frecuencia: el alejamiento de Dios a causa del éxito. De hecho, hay menos práctica religiosa en los países ricos que en los pobres y son muchísimos los que, al triunfar, se han ensoberbecido y en lugar de volverse más religiosos se han introducido en un paganismo satánico de adoración del becerro de oro. Por eso, repito, tenemos que preguntarnos qué hemos hecho con los dones recibidos. Quizá alguna piense que él no ha tenido tantos, o no ha tenido los que le gustaría tener. Es posible que tenga razón, pero si en lugar de compararse con quien tiene más se compara con quien tiene menos se dará cuenta de que, aunque le falten muchas cosas, tiene otras que quizá, por no fijarse en ellas, no las valora y por eso corre el riesgo de perderlas. Por lo tanto, tengamos lo que tengamos, preguntémonos qué hemos hecho con ello. ¿Está Dios contento con el rendimiento que le estamos sacando a los dones recibidos? ¿Estamos, incluso, volviendo contra Dios esos dones, haciendo un mal uso de ellos o dejando de hacer el buen uso que deberíamos? No sé si Dios nos castigará quitándonos lo que usamos mal, aquello por lo que no agradecemos; lo que sí sé es que cuando no sacamos partido a esos dones, cuando no los valoramos, cuando no los hacemos fructificar, más pronto o más tarde los perdemos. ¡Cuántas lamentaciones he escuchado de personas que habían perdido su familia y se quejaban de no haberla sabido cuidar mientras la tenían! ¡Cuántas amarguras confesadas en el secreto del sacramento por no haber cuidado a los padres ancianos mientras se les tenía! ¿Por qué no aprovechar, pues, lo que tenemos, lo que nos queda, para disfrutar de ello, para agradecerle a Dios por ello, para hacer el uso que el que nos lo ha dado quiere que hagamos? El tiempo pasa veloz y llegará un día en que, mirando atrás, ya no podamos hacer nada con lo que se fue. Que ese día no sea de amargura sino de alegría, que podamos decir con la conciencia tranquila que hemos hecho todo lo que hemos podido.
El sábado de la próxima semana será ordenado diácono, si Dios quiere, Felipe. Es una gran alegría para mí y para todos nosotros. Os pido oraciones para que todo vaya bien y sea un diácono –y más adelante un sacerdote- santo y sabio.
Que Dios os bendiga.
P.Santiago