La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Queridos franciscanos de María, el Evangelio dominical de esta semana nos ofrece uno de los enfrentamientos entre Jesús y los teóricamente buenos de su época, los sacerdotes y los fariseos. El Señor quiere advertirnos contra el mal de la hipocresía, pero a la vez nos enseña que no podemos justificar nuestros pecados alegando que los otros también los cometen, no siquiera cuando esos “otros” sean personas que deberían dar buen ejemplo. “Haced lo que dicen y no hagáis lo que hacen”, concluye el Señor. Mandato que se puede complementar con otro: “No te fijes tanto en la paja que tiene el ojo ajeno y fíjate más en la que tienes en el tuyo”. Todo esto debemos meditarlos e intentar ponerlo en práctica nosotros. Esta es, pues, la propuesta de este semana: no excusarnos en el mal que otros hacen para hacerlo nosotros y, a la vez, analizar el mal que nosotros cometemos antes de juzgar y condenar al hermano.
Además de esto, esta semana nos vendría bien fijarnos en otro punto, relacionado con la actualidad, con lo que ha estado ocurriendo en el mundo. Me refiero a la Jornada de Oración por la Paz que se ha celebrado en Asís, convocada y presidida por Benedicto XVI. El Papa ha invitado a todos los creyentes –y por lo tanto, de un modo especial, a los católicos- a ser “instrumentos de paz”, a no justificar nunca la violencia con argumentos religiosos. Esta sería la parte en la que se nos invita a mirar la viga que hay en el propio ojo. Pero también ha denunciado la violencia creciente y cruel que sufrimos los creyentes por parte precisamente de los no creyentes, los cuales no dudan en considerarse a sí mismos como modelo de tolerancia. Los tolerantes se han convertido hoy, con mucha frecuencia, en agresivos, que con insultos o con violencia física, tratan de arrinconar a los creyentes, amedrentarles y hacerles desaparecer. Esa violencia, que tiene que ser denunciada y que es sumamente hipócrita, no puede servirnos de excusa para responder con la misma medida. Y esta es la segunda aplicación del Evangelio de hoy. Primero, pues, no demos motivo para el escándalo siendo nosotros, católicos, violentos. Segundo, denunciemos sin medio la violencia de los “sin Dios”, de los “tolerantes”, pero hacer lo mismo que hacen ellos. Venzamos el mal a fuerza de bien, como hizo Cristo.
El tema de formación de esta semana es, precisamente, sobre la Jornada de Asís. Os lo envío en adjunto. Os pido oraciones por el próximo viaje que emprenderé dentro de unos días, a Uruguay, Argentina, Chile y Colombia, para que los frutos para Dios sean abundantes.
Con afecto y mi bendición.
P.Santiago
Dos violencias <---- Hacer clic para descargar adjunto
por Franciscano de María