La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Junto con un pequeño grupo, he tenido la suerte de compartir bastantes tardes de reflexión con P. Santiago. Esa reunión cada 15 días era un remanso en la presión diaria y desde luego, contar con P. Santiago era un lujo.
Lujo es aquello que es escaso y por tanto, deseable. Aquello que no siempre puedes tener. Y así ha sido. Los viajes de la última parte del año pasado y los de éste, han conducido a un nuevo formato.
Hoy tenemos en funcionamiento una Escuela de Agradecimiento formada por cuatro matrimonios, nos vemos cada 15 días y estamos aprendiendo a manejarnos. Con una excepción, no nos conocíamos de nada pero coincidimos en el viaje a Tierra Santa de Enero y en ese ambiente congeniamos y P. Santiago nos dio el empujón. Desde luego, la semilla del Monte Tabor cala hondo y así es todo más fácil.
Llevamos pocas reuniones pero ya se ha despertado el ambiente de confianza necesaria, vamos cogiendo las rutinas, encontrando la forma de empezar rezando, abordar los temas de meditación, la lectura de la Palabra de Vida. Estamos sonriendo una hora.
De aquí saldrá algo muy hermoso ante el Señor, nos acercaremos un poco más a Él y Él será un poco más parte de nuestras vidas. Con suerte encontraremos una nueva forma de dar testimonio y ayudar a gente que está perdida o que simplemente querría encontrar una forma parecida a la nuestra de dar las gracias por las Gracias recibidas.
Es muy sencillo, basta un folio que se recibe cada semana por email, un grupo de gente que quiere ser mejor y tiene mucho que agradecer, y una hora cada dos semanas.
¿A qué esperas?