Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.

Publicidad

Formación Espiritual mensual (Diciembre 2011, primera semana)

La Virgen María. XXX Diciembre de 2011
Jesús dijo que para ser fiel en lo mucho había que haber sido antes fiel en lo poco. El entrenamiento en el deporte es imprescindible para vencer en la competición, e igual pasa en la vida espiritual. María, consciente o inconscientemente, se había estado entrenando toda su vida para la gran hora final, aquella en la que había de ver a su divino Hijo colgado de la Cruz. Llegó la hora y su fe, su esperanza, su amor y su humildad fueron puestos a prueba de una manera definitiva.
                Primera semana
 
María de la Fe.
 
                Por fin, el Hijo amado fue despegado del lado de su Madre y, empujado por los soldados, siguió avanzando a trompicones hasta el Calvario. La calle de la agonía, la vida dolorosa, no es larga, así que el trayecto que le faltaba por recorrer no podía ser demasiado.
                María, sin embargo, quedó irremediablemente atrás. La multitud, curiosa u hostil, cerraba el cortejo y enseguida quitó de la vista de la Virgen a su Hijo. Cuando ésta se hubo repuesto, ya un mar de cabezas le impedían verle. Apoyada en Juan, se dirigió entonces detrás de la comitiva, con el ánimo de estar lo más cerca posible de Jesús, especialmente cuando le llegara el momento final. Ella sabía que él la iba a necesitar precisamente entonces, y no quería defraudarle.
                Aquel retraso tuvo el efecto beneficioso para ella de impedirle ver la dura escena del enclavado. Su llegada al Calvario, después de muchos empujones para abrirse paso entre la gente coincidió con el ascenso de Cristo al palo vertical que los romanos mantenían siempre clavado en un agujero a propósito hecho en la blanca roca caliza del calvario. El reo, en este caso Jesús, sólo era clavado en el travesaño horizontal que luego un soldado, subido a una escalera, se encargaba de sujetar al vertical para, más tarde, clavar los pies del condenado a éste.
                Así pues, María, pudo ver, de repente, a su divino Hijo alzado por unas poleas hasta la altura del palo vertical y luego sujetado a éste. Le vio alzado sobre la cruz, tal y como Jesús había profetizado cuando afirmó: “Cuando sea levantado en algo, atraeré a todos a mí”.
                No sabemos si por la cabeza de María pasaron en aquel momento aquellas palabras. No sabemos si su dolor era tan grande que le impedía pensar y que sólo podía actuar con la sabiduría de sus instintos de Madre, con la experiencia de su corazón inmaculado. Pero si su razón no hubiera estado obnuvilada por el dolor, ése hubiera sido un buen momento para recordar la frase que días antes había pronunciado su Hijo. “Cuando sea levantado en alto atraeré a todos a mí”.
                Era una profecía y casi parecía un sarcasmo. ¿A quién estaba atrayendo aquel deshecho humano que era clavado a un madero para recibir la muerte de los malhechores? Si era por ella, ciertamente no necesitaba de ningún testimonio como ese para sentirse atraída por su Hijo. Su amor no precisaba de demostraciones tan radicales como la que estaba dando Jesús dejándose crucificar. Y en cuanto a los demás, sólo le quedaba, de todo aquel grupo numerosísimo de apóstoles, discípulos y seguidores, a un puñado de mujeres y a aquel buen muchacho, Juan, que estaba allí a su lado. Los demás, los que rodeaban el calvario, o eran curiosos o eran enemigos, pero ninguno daba muestras -sino más bien al contrario- de sentirse atraídos por Cristo.
                Todo parecía indicar, pues, que Jesús se había equivocado. Todo parecía indicar que había fracasado rotundamente y que no sólo no había conseguido conmover el corazón de los hombres sino que éstos se burlaban de su generosidad y confundían amor con debilidad, entrega con derrota.
Había llegado, por lo tanto, el momento sublime. Había llegado el momento de la fe.
                María lo sintió así. Sintió en su interior -lo mismo que estaba sintiendo su Hijo- la duda. Experimentó, quizá por primera vez, el aliento seductor del Maligno. Éste le invitaba a dudar de Dios, a negar no su existencia pero sí su interés por los hombres, su amor. “¿Cómo puedes creer que te quiere o que quiere a tu Hijo? -le decía-. ¿Cómo puede alguien pensar que está seguro poniéndose de su parte si, como ves, en la hora difícil te deja solo? -añadía-. Reniega de él, maldícele, dile que no es fiel, dile que no es amor. Ya que no puedes salvar a tu Hijo, al menos tómate cumplida venganza del culpable de que muera en estas condiciones”.
                ¿Qué hizo María? ¿Dudó, maldijo, renegó, escupió al cielo?. Por el contrario, la Madre Inmaculada cerró los ojos, apretó los puños y luego le dijo al Señor, en voz alta: “Te quiero. Creo en ti. Aquí y ahora, más que nunca, proclamo que tú eres amor. No necesito ver para creer. No necesito que todo me sea fácil y salga según mis deseos para estar segura de ti y de tu amor. Creo, Señor. Creo en tu amor”.
                Estoy seguro de que estas palabras atravesaron los gritos e insultos de los enemigos de Cristo y llegaron a sus oídos. Estoy seguro de que le produjeron más alivio que el vinagre que le dio el soldado. Porque allí, junto al Hijo que aceptaba voluntariamente el sacrificio, estaba su Madre que, como él, aceptaba también su propio sacrificio. Ambos, crucificados, cada uno en un tipo de cruz distinta, se convertían en modelo para nosotros cuando le decían a Dios: “Tengo fe, creo en ti, creo en tu amor, te quiero”.
 
Propósito: Agradecer a Dios la fe de María, que no dudó del amor providente de Dios ni siquiera en el momento en que vio a su Hijo crucificado.
 
 
Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post