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La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.

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Formación Espiritual Mensual, Mes de Febrero de 2011 (Primera semana)

La Virgen María. XXIII Febrero de 2011

En este mes de febrero vamos a meditar sobre la llegada de la Santísima Virgen y San José a Belén, con la sorpresa de que la aldea estaba llena porque muchos habían ido antes que ellos por el mismo motivo. La reacción de María ante el imprevisto es todo un ejemplo. Meditaremos también sobre el nacimiento del Hijo de Dios en la cueva de Belén.

                Primera semana
 
Obediencia a la ley.
 
María y José no debían llevar mucho tiempo casados cuando llegó a Nazaret la orden de que todos los israelitas debían acudir a empadronarse a su ciudad natal. Había sido ésta una decisión del mismísimo Augusto, el poderoso emperador romano. Pretendía, con ello, no sólo conocer cuántos habitantes tenía su Imperio, sino también saber qué tipo de impuestos podía cobrarles o de quienes podían echar mano para que entrasen a formar parte de las legiones romanas. Augusto no tenía ni idea, cuando dictó el edicto, de que, con él iba a poner en apuros a una pareja de recién casados, obligándoles a llevar a cabo un fatigoso viaje. No le hubiera importado lo más mínimo, de haberlo sabido. Pero quizá sí se habría puesto nervioso si hubiera estado informado de quién era el que llevaba la Virgen en su vientre. Ignorante de todo, pensando sólo en sus propios intereses o en los intereses de su Imperio, Augusto dictó una orden que sus súbditos, entre ellos los del pequeño y levantisco Israel, no tuvieron más remedio que cumplir.
 
Cabe suponer que para José y María, estando ella como estaba de adelantada en el embarazo, supuso un serio contratiempo tener que viajar hacia el sur, un poco más allá de Jerusalén, a Belén. José era de la descendencia de David y eso le obligaba a acudir a empadronarse a ese lugar, acompañado por su mujer. Probablemente no entendieron el por qué de aquella orden que les suponía no sólo molestias sino incluso riesgo real para María y para su bebé. Sin embargo, obedecieron. Sin saberlo, Augusto había actuado de acuerdo con el plan de Dios, pues tenían que cumplirse las viejas profecías que hacían nacer al Mesías precisamente en la ciudad de David, Belén. Sin saberlo, José y María, con su obediencia, habían, una vez más, acertado y habían cumplido lo que Dios quería, aunque en esta ocasión la orden viniera de un pagano que era, para colmo, conquistador de su pueblo.
 
Cuando, años más tarde, San Pablo exhorte a los primeros cristianos a ser buenos ciudadanos y a obedecer a las legítimas autoridades, lo estará haciendo no sólo como una medida prudente sino también como una lección que se desprende del comportamiento de la Sagrada Familia y, por lo tanto, de los orígenes del cristianismo.
 
José y María se nos presentan, en ese pasaje del viaje a Belén, como un modelo de obediencia a las leyes comunes. Pero habría que preguntarse, ¿a todas las leyes?. Esta es una pregunta crucial, pues tanto entonces como ahora ha habido leyes inicuas o, al menos, leyes que permiten y dan por válidos comportamientos inicuos. Los mismos cristianos que se manifestaban dispuestos a obedecer al emperador romano, se enfrentaron a él y aceptaron el martirio cuando se les obligó a adorarle como a un dios. Esto, en nuestra época, tiene una importancia decisiva, pues para muchos el que una cosa esté permitida –por ejemplo el aborto- es sinónimo de que es buena. El cristiano tiene que aprender a discernir y tiene que ser capaz de darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Ser un buen ciudadano no significa aceptarlo todo ni plegarse a las leyes de las mayorías cuando esas mayorías van en contra de la propia conciencia.
 
Propósito: Agradecerle a Dios el ejemplo de la Virgen y San José de obedecer a la ley civil. La resistencia a la ley sólo se justifica cuando ésta es inicua y va contra la conciencia.
 
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