La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Termina el evangelio de Mateo. Es momento de reflexionar:
Mateo 28:
16.Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20. y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
Las negritas son mías. Y quisiera que hoy pensásemos un poco en las palabras de Cristo y las pusiésemos en nuestro contexto. No tanto en si evangelizamos o no, sino en si al menos tenemos consciencia de nuestra obligación (y en especial de los sucesores de los apóstoles) de hacerlo.
Veamos un caso pertinente. Estos días estamos leyendo numerosas declaraciones del vicario apostólico en Libia Monseñor Martinelli, que a veces parece estar un tanto obnubilado por Gadafi y su régimen. Afirmó sin rubor que «Los musulmanes libios no son fanáticos y están muy abiertos a los cristianos» y que “En 40 años de servicio en Libia, puedo decir que no hemos tenido problemas para servir a las comunidades católicas de todo el país. No tuve ninguna dificultad en la asistencia a los enfermos y a las personas que han cuidado de ellos. Los médicos y enfermeras que trabajan en Libia, que son en su mayoría cristianos, no han sufrido dificultades particulares. Así que no se puede negar la experiencia que he vivido aquí en 40 años con mi rebaño, sirviendo con dedicación a la sociedad libia”. Estas palabras en una persona de la enorme experiencia acumulada en dicho país no pueden desdeñarse, pero si ampliamos nuestras lecturas y leemos lo que decía allá por el año 2007 en el libro "cristianos en tierras del Corán" situaremos mejor su punto de vista. En dicha publicación decía monselor Martinelli "No hay un solo libio en la comunidad cristiana. Y sin embargo, los libios nos respetan, como a todos los extranjeros.Quizá porque tampoco hacemnos ningún proselitismo y no hya grupúsculos protestantes que traten de hacerlo, cosa que sí ocurre en otros países del norte de África. En este sentido no tenemos problemas de convivencia." "Diría que esa es una nota característica e indispensable de nuestra presencia: ser útiles, como el padre Vanni, que es cura pero también médico."
El evangelio está para ser escuchado y después intentar aplicarlo. Si buscamos excusas para obviar los mandatos directos e inequívoco del Señor nos espera la desolación en esta vida y la incertidumbre en la próxima.