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La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.

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La ideología de género, instrumento de la dictadura del relativismo

Autor: Carlos ÁLVAREZ COZZI, catedrático de Derecho

 

El pasado diciembre, la ONU elaboró un documento en el que se efectúa una reinterpretación de los derechos humanos. Dicha reinterpretación ya había sido anunciada con anterioridad por el secretario general de la organización mundial, Ban Ki-Moon: “Comprendo que la orientación sexual y la identidad de género suscitan cuestiones culturales sensibles. Pero la práctica cultural no puede justificar ninguna violación de los derechos humanos”. Lo cual le había valido el rechazo de la Iglesia Católica.

 

El documento presentado ahora, titulado Leyes y prácticas discriminatorias y actos de violencia cometidos contra personas por su orientación sexual e identidad de género, establece las citadas características, la “orientación sexual” y la “identidad de género”, como derechos humanos dotados del mismo valor que el resto de derechos proclamados en la declaración de 1948.

 

La Santa Sede argumentaba su rechazo en que tal definición favorece el estilo de vida homosexual y, sobre todo, en que impulsa una persecución hacia aquellos que no acepten dicho estilo de vida. Ahora, tras la elaboración del nuevo documento, que la Iglesia no erraba en su diagnóstico parece aún más claro.

 

La reflexión que nos despierta esta ideología o perspectiva de género es que parecería olvidarse que la diferencia entre el sexo masculino y el femenino, de igual dignidad pero complementarios y no enfrentados, lleva a la unidad, a la comunión; no puede haber dominio de uno sobre otro, sino respeto a ambos en su singularidad e irrepetibilidad. Parecería olvidarse que todas las personas pertenecen al único género humano, cualquiera sea su sexo. La doctrina de la Iglesia es contundente sobre esta lamentable ideología destructora de la persona, la familia y la sociedad, tanto en el Catecismo como en el Compendio de Doctrina Social, así como en otros documentos del magisterio pontificio como “Dignitatis Mulieris” del Siervo de Dios Juan Pablo II. Agregamos también a nivel latinoamericano, que en el No.40 del Documento de la Conferencia del CELAM de Aparecida, se denuncia a esta ideología como contraria a la verdad de la dignidad humana, lesiva de las personas y de las familias.


Recientemente el Cardenal Cañizares ha alertado seriamente sobre los riesgos de esta ideología.


Grupos de presión, iniciativas legislativas y medios de comunicación están siendo vehículo de esta ideología de género, una pretendida revolución cultural en toda regla.


Debe la opinión pública saber que para la ideología de género la sexualidad no se acepta «propiamente como constitutiva del hombre», sino que «el ser humano sería para esta concepción, el resultado del deseo de la elección», de manera que, «sea cual sea su sexo físico», la persona -sea mujer o varón- «podría elegir su género» y modificar su opción cuando quisiera: homosexualidad, heterosexualidad, transexualismo, etcétera. Por lo demás, supone la existencia de una lucha de sexos similar a la lucha de clases de la que habla el marxismo, como resulta de la concepción de Gramsci, en la que al parecer la mujer es la explotada y el hombre el explotador, lo que como mínimo luce como falso a todas luces dado el justo protagonismo de la mujer en todos los ámbitos sociales, desde hace muchos años.


Resulta evidente que el cambio cultural y social que el fenómeno conlleva es de gran alcance, dado que para esta ideología no existe naturaleza, no existe verdad del hombre, solo libertad omnímoda y caprichosamente arbitraria.


En esta pretensa revolución cultural el nexo individuo-familia-sociedad se pierde y la persona se reduce a individuo, y se constata, por lo tanto, el cuestionamiento radical de la familia y de su verdad --el matrimonio entre un hombre y una mujer abierto a la vida-- y de toda la sociedad.

 

Nuestro colega y hermano pro-vida argentino, el Dr. Jorge Scala, experto en bioética, autor de muchos libros sobre bioética y derechos humanos, consultor temático además de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), ha dicho en forma prístina y con indudable precisión, que lo que busca esta ideología mediante el cambio de legislación en materia de familia, es precisamente el cambio educativo y cultural. Así, por ejemplo algo que es malo como la muerte de inocentes, (el crimen del aborto), deja de ser algo malo para esta ideología relativista y pasa a ser un “derecho de la mujer”. Como algo que es antinatural como el homosexualismo, pase a ser algo primero tolerado y luego algo “normal” y admitido en nuestra sociedad en nombre de la democracia y el pluralismo. Y así deber enseñarse en los colegios a los niños y jóvenes. A tal punto que la misma legislación de los países que ahora regula las uniones homosexuales, la adopción por homosexuales, la legalización del aborto, la ideología de género en leyes de “salud sexual y reproductiva”, la eutanasia, etc., pasa a considerar delito la crítica de la ideología de género y sus consecuencias. De manera que el relativismo pasa a ser la “dictadura del relativismo” como la concibe S.S. Benedicto XVI y el P. Santiago Martín y los Franciscanos de María no nos cansamos en repetir. Esto determina que quienes critiquemos esta legislación podríamos ser incriminados por instigar al odio contra ese tipo de vida o contra el aborto, algo realmente insólito y demencial. Pensemos incluso en los sagrados pastores que podrían ser reprimidos en su legítimo ministerio si aluden a esta legislación consecuencia de la ideología de género aún dentro del ámbito eclesial.

La verdadera “laicidad” en un Estado democrático estriba en que si bien no existe a nivel oficial un pensamiento filosófico ni una religión oficial, ello es justamente para que todos podamos expresar nuestro pensamiento y practicar nuestro culto y no para se deforme en “laicismo”, es decir, en la afirmación de la imposibilidad de conocer ninguna verdad y en que todo es válido, relativo y subjetivo. Y que por tanto lo que se persigue y se silencia básicamente la manifestación pública del pensamiento trascendente como es el cristianismo. Por lo que la tal neutralidad del Estado así concebida lo que en verdad termina cercenando es la expresión pública del pensamiento trascendente, de los creyentes, como es notorio especialmente el caso de los cristianos que nos seguiremos negando como en los tiempos de Nerón a adorar a los dioses del sistema.

 

Sabiamente nos enseñaba el Beato Juan Pablo II Magno que cuando en una democracia se desprecia la virtud y se olvidan los valores, se están minando las bases de esa misma democracia. Ella no es un fin en sí mismo sino un medio para asegurar la vida y la dignidad de las personas. Por ello, resulta paradójico que en nombre de la democracia y de lo “políticamente correcto” se pretenda imponer por la fuerza esta nefasta ideología de género.

 

Tomemos conciencia de este mal y luchemos contra el mismo por todos los medios, como los primeros cristianos lucharon contra los ídolos y hasta debieron sufrir el martirio por ello. Los nuevos Nerones ya nos han lanzado los leones!!!

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