La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
El gallego Guillermo Juan Morado, prolífico escritor de novenas y pequeñas obras devocionarias, autor de un estimable blog y sacerdote de los pies a la cabeza, ha publicado recientemente un libro que contiene homilías de carácter cristológico. En una de ellas se centra en las tentaciones que sufrió Jesucristo. Dice en su homilía Don Guillermo:
San Ambrosio explica que “el diablo emplea tres armas para herir el alma del hombre: la gula, la vanagloria y la ambición”. La gula es la sensualidad, el materialismo, la comodidad; el excesivo apego a los placeres y a los bienes de la tierra: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” (cf Is 22,13), como si el comer y el beber fuese el máximo bien al que puede aspirar el hombre. Jesús, frente a unas piedras que se ofrecen como panes, recuerda la primacía de Dios: “No sólo de pan vive el hombre”.
La segunda arma es la ambición, el afán inmoderado de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama: “todo será tuyo”, promete falsamente el diablo. La adoración y el culto a Dios previene contra esta idolatría de vender el alma por la fascinación ciega de querer, a cualquier precio, tener más o aparentar ser más importantes.
La vanagloria, la jactancia del propio valer u obrar, es la tercera de las armas. Benedicto XVI advierte frente a este afán de llamar la atención, de buscar presuntuosamente nuestra gloria en lugar de la gloria de Dios: “Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente”.
Y hoy, día en el que el Señor nos dice con tanta rotundidad " No os preocupéis, por consiguiente, diciendo: "¿Qué tendremos para comer? ¿Qué tendremos para beber? ¿Qué tendremos para vestirnos?" Porque todas estas cosas las codician los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura." debemos detenernos y pensar. ¿En mi día a día, estoy seguro de no estar dominado por el materialismo? ¿Podría sin excesivo esfuerzo renunciar a las comodidades de las que me he rodeado? y en mi trabajo ¿Estoy seguro de no querer lograr fama y riquezas, poder y estatus? ¿Es mi trabajo una manera de lograr saciar mis necesidades básicas o mi labor profesional es lo que mejor dice de mi quién soy? Y por último ¿Seguro que cuando obro con rectitud, y en mis obras de misericordia, se encuentra el amor a Dios y al prójimo? o más bien ¿la gozosa sensación de ser bueno y no como los publicanos, actuar conforme a lo que ordena la Iglesia y no como las personas frívolas que tanto desprecio? ¿Suelo hacer como recomendara el Santo Padre Juan XXIII "Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie y sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere."?
Mucho para meditar. No creámos que el Diablo tienta tan sólo en el desierto. El muy taimado nos aguarda en cada ocasión y se hace fuerte en nuestras debilidades.