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La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.

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Palabra de vida de la semana: Agradecer y Ofrecer (agosto 05 de 2012)

Domingo XVIII: Agradecer y ofrecer 5 de agosto de 2012
"Jesús les contestó: Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna". (Jn 6,26-27)
Si la semana pasada el Evangelio nos invitaba a plantearnos los motivos por los que nos acercábamos a Cristo, esta nueva “palabra de vida” nos invita a seguir profundizando en la misma dirección, añadiendo una enseñanza más, la de que no debemos seguirle por cuestiones materiales sino que deben entrar en nuestras motivaciones también las espirituales, la santidad. Es Jesús mismo el que muestra su decepción en este Evangelio dominical, al ver que sólo el interés material mueve a sus múltiples admiradores a ir tras Él. Y les pregunta. “¿por qué me buscáis?”.
Esa misma pregunta nos la hace Jesús a nosotros. Ya vimos que debíamos estar dispuestos a seguirle no sólo por interés, sino por gratitud, por amor, para devolverle algo de lo mucho que hemos recibido de Él. Por lo tanto, a la pregunta de Cristo deberíamos contestar: “Señor, te buscamos porque queremos disfrutar de tu compañía, porque queremos oír tu mensaje, porque sin ti no podemos ni queremos vivir. Te buscamos porque te amamos. Te buscamos también porque queremos de ti el mayor de los dones: que nos ayudes a ser santos. Te buscamos, también pero no en primer lugar, porque necesitamos tu ayuda para resolver los problemas que nos hacen sufrir y necesitamos tu fuerza para llevar nuestra cruz de cada día”. Pidamos, pues, la santidad. Busquemos con tesón la santidad. Con el mismo empeño, por lo menos, con que buscamos la salud perdida o un buen puesto de trabajo. Además, acudamos a Él también a ofrecer, a ofrecernos, a decirle que puede contar con nosotros.
Propósito: Cada vez que me dirija a Dios o a la Virgen pidiendo un favor, analizar si me he dirigido antes dando gracias, ofreciéndome para ayudarles o pidiendo la santidad.
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