La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Queridos Franciscanos de María, por error os envié el comentario al Evangelio de la semana próxima. La parte positiva es que ya lo tenéis por anticipado.
En este Evangelio vemos a Jesús haciendo algo tan humano como descansar. No es el descanso de aquellos que están cansados de no hacer nada, sino el que necesitan los que han pasado todo el tiempo trabajando. Cristo quiso enseñarnos, con su comportamiento y sus palabras, que el modelo de hombre que Él era y que quería que nosotros copiásemos no era el de una especie de "superman" infatigable, un robot alienígena que no tiene emociones, ni necesita afectos, ni tan siquiera reclama alimento. Continuamente vemos en Él muestras de su equilibrio, de su madurez psicológica y afectiva. Le vemos dejar que un discípulo apoye la cabeza en su hombro y le vemos llorar por un amigo muerto, le vemos compadecerse de la gente porque no tenía para comer o porque no tenía evangelizadores. Y ahora, en este evangelio, le vemos también descansar y ordenar a los apóstoles que hagan lo mismo.
Pero, ¿en qué consistía ese descanso? ¿Se fueron a la ciudad romana de Tiberíades para disfrutar en las playas junto al lago o ir, quizá, a un casino en caso de que hubieran existido? No. El descanso que Jesús pide y que sólo Él ofrece consistía precisamente en estar con Él. Estar junto a Cristo es el descanso. Y para eso hacía falta irse "a un sitio tranquilo". Vemos aquí, pues, dibujadas las condiciones de las primeras "vacaciones cristianas" de la historia: estar tranquilo y estar con Jesús. Tener paz alrededor y paz en el alma. Y esto porque antes hemos trabajado y porque después vamos a seguir trabajando. Hagamos nosotros lo mismo esta semana: procuremos trabajar intensamente y encontrar tiempos de paz, ratos de oración que nos llenen el alma de sosiego, tanto más necesario cuanto más trepidante o angustioso es el ambiente que hay a nuestro alrededor. Necesitamos entrar dentro de nosotros para encontrarnos allí, en lo profundo del alma, con aquel que es su principal tesoro, con Dios. No para encontrarnos con nosotros mismos, como dicen los de la new age, sino para encontrarnos con aquel que da sentido a nuestra vida, a lo que somos y a lo que hacemos, con Jesús nuestro Salvador.
Que Dios os bendiga.
P.Santiago
22 de julio de 2012
“Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer”. (Mc 6, 30-31)
Jesús, con su ejemplo personal, con sus palabras y con lo que hizo hacer a sus apóstoles, nos está dando un mensaje lleno de equilibrio y madurez humana. Ese mensaje nos dice que es imprescindible y urgente trabajar, pero que es imposible hacerlo si no se está lleno de fuerza y de decisión, para lo cual es fundamental encontrar tiempo para estar con Él, que es la fuente de toda gracia, de toda fuerza, de toda motivación generosa. El mundo nos espera para oír el anuncio del Evangelio, para recibir de nosotros un buen testimonio, para levantar al caído, construir la paz, vestir al desnudo o consolar al triste. Pero ¿cómo vamos a ser capaces de hacer todas esas cosas tan difíciles y generalmente agotadoras, si estamos secos por dentro?. Por eso, el Señor quiso que nos nutriéramos de Él, verdadera fuerza y verdadero alimento. Y quiso también que no engordáramos, es decir que transformáramos en trabajo las energías que recibimos de Él.
Si eres dado a un extremo -tanto si es el trabajo como si es la oración-, piensa que el verdadero camino católico es el equilibrio, la madurez. O dicho de otro modo: el camino de Cristo es el amor, pues ese es el mandamiento que nos dejó el Señor. Pero no sólo se ama cuando se reza o no sólo cuando se trabaja. Así pues, reza y trabaja. Ama siempre, cuando rezas y cuando trabajas. Reza por amor y trabaja por amor.
Propósito: Encontrar tiempo diario para rezar y, a ser posible, para ir a misa. No rehuir un acto de caridad cuando pueda hacerlo, pero siempre sin sobrepasar mis fuerzas.