La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Se ha liado una buena en Austria este verano. Como el Papa visitará en breve el país, el lío se ha magnificado. No voy a entrar en el tema, otros ya lo han hecho. Pero sí quisiera señalar un aspecto que la gente no parece terminar de entender. ¿Qué piden los abajofirmantes austríacos? Básicamente se muestran partidarios de los sacerdotes casados, la ordenación de mujeres, el acceso a la Eucaristía de los divorciados vueltos a casar y que, además, puedan volver a contraer un segundo matrimonio religioso, que los protestantes puedan recibir la Comunión y, finalmente, que los laicos prediquen y dirijan parroquias.
Aclaremos que se mezclan temas discutibles con otros no discutibles. El que los sacerdotes se casen o no es una disposición de la Iglesia católica en el rito latino, que es modificable. Quizá llegue el día que se haga, mientras tanto se puede solicitar, pero sin aspavientos, que no vienen a cuento. Que los laicos prediquen o dirijan parroquias es más complicado por la exigencia de una buena formación para poder instruir al rebaño. No acaban de nombrar a San Juan de Ávila doctor de la Iglesia, por su incansable labor por la formación del sacerdote, para que ahora cualquiera se suba al púlpito y predique lo que le plazca.
Las otras peticiones son del todo punto inaceptables. La Iglesia, y eso es lo que los firmantes se niegan a aceptar no puede admitir o proponer lo que le plazca, pues las verdades que ilumina no nacen de ella sino de Dios, y por ello no pueden cambiarlas sin engañar al pueblo. Quien esté en pecado mortal NO puede comulgar, no porque al Papa le de especial rabia, sino porque el alma no está limpia y dispuesta para recibir a Dios. Y si Cristo negó la posibilidad del divorcio, ¿cómo lo va a conceder un Papa, que no es sino un sucesor de un apóstol, esto es nadie comparado con Él? No se trata de hacerse el moderno y ser simpáticos con las gentes contemporáneas, sino de ser fieles a lo que Dios nos ha dicho que es lo correcto. Además de correcto, es difícil, duro, cansado y a veces puede llegar a ser desesperante, pero de la misma manera que resulta absurdo despotricar de la existencia de la Ley de la Gravedad, o del valor fijo de Pi, darse de cabezazos porque Dios nos dice lo que está bien o mal resulta infantil. Debemos ser bien adiestrados desde pequeños en el conocimiento de lo que es Recto para poder acoplar nuestra alma y nuestra concupiscencia a dicho sendero y no dejarle seguir sus caprichosos meandros bajo el adolescente término de libertad.
Así dice el Señor:
«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.
Si yo digo al malvado:
“¡Malvado, eres reo de muerte!”, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.» Ezequiel 33, 7-9