La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Aprovecho dos anécdotas recientes para hablar de un tema repetitivo entre el laicado patrio, tan poco instruido.
Por un lado me decía el otro día mi señora que la Iglesia prohibía el divorcio. Por otro lado me comentaba una amiga una anécdota según la cual algien al acudir a un sacerdote diciendo que pese a estar divorciada y casada civilmente con otro no podía vivir sin comulgar frecuentemente, el sacerdote le había mandado a otra parroquia a comulgar, si era ese su deseo.
Permitidme que obvie las citas del Catecismo en la explicación (por otra parte breve).
La Iglesia afirma que el matrimonio es para siempre. Si el sacramento ha existido, existe el matrimonio; si no se hubiera dado, hablaríamos de nulidades matrimoniales, que no son si no la expresión de un no-hecho acaecido tan sólo formalmente. Pero la Iglesia es consciente que los humanos nos arreglamos fatal en muchas ocasiones y pese a haber niños de por medio, en ocasiones la gente se debe separar (las razones son múltiples, la más evidente el maltrato). El católico que lo desee podrá incluso divorciarse ( si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos como el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio), pues no es este sino un acto con efectos civiles. El divorciado podrá volver a casarse para el Estado, pero su situación eclesialmente no ha variado en absoluto (sí su situación personal, pues agrava sus pecados). Sigue (pese a estar separada) casada con quien contrajo indisoluble matrimonio. El problema surge cuando se relaciona con otra persona (sea con boda civil o no) pues se trataría de dos pecados graves adulterio y fornicación. Y esto evidentemente la Iglesia lo condena.
Y ¿qué ocurre con aquellos divorciados vueltos a casar? ¿Hizo mal el cura de la anécdota? Una persona en pecado (y el divorciado vuelto a casar lo está; el cónyuge casado de nuevo se halla en situación de adulterio público y permanente) no debe nunca comulgar sin confesarse. Y la confesión exige propósito de enmienda para poder recibir el perdón. Logicamente un divorciado vuelto a casar no va a abandonar a la nueva esposa, por lo que no puede recibir el perdón, sigue en pecado y por ello sin poder comulgar. Es una situación penosa y difícil pero con la ayuda del resto de la Iglesia y con la participación del resto de la vida eclesial es algo que se puede sobrellevar (afortunadamente hay muchos casos). Pero ¿y lo del cura aquel? Aquella persona mal instruida que desea comulgar pese a vivir en pecado, debe ser reprendida y corregida, fraternalmente. Si pese a ello, considera un derecho y no un privilegio poder comulgar, lo intentará hacer por narices. El sacerdote, inteligente le deja claro la postura. "Mientras estés en mi parroquia, ni tú ni ningún divorciado vuelto a casar comulgareis, pues el pecado sería doble. El vuestro ya explicado y el mío, por causar escándalo al dar de comulgar al pecador públicamente conocido." Por ello le da un consejo, no comulgues y si vas a hacer tu voluntad y no la de Dios, hazlo donde no te conozcan y minimicemos el daño.