La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote
Se está celebrando en Dublín el Congreso Eucarístico Internacional. Aparte de datos coyunturales, como la renovada y necesaria petición de perdón a las víctimas de la pederastia, lo esencial del Congreso es actualizar la fe de la Iglesia en la Eucaristía y la importancia que para su vida tiene este sacramento.
La Iglesia celebra periódicamente actos multitudinarios con el objetivo de dar un testimonio público de su fe o de su compromiso por varias causas o grupos de personas. Así, hace tan solo unos días, tuvo lugar en Milán la Jornada Mundial de la Familia. El año pasado se celebró en Madrid la de la Juventud. Pero los Congresos Eucarísticos, no tan masivos como los dos eventos citados, son, de alguna manera, el alma de todo lo demás. Son como la raíz a las hojas y a los frutos. Si la Iglesia puede hacer obras sociales, si puede defender la familia, si puede estar con los jóvenes, es porque primero está con Dios, porque vive alimentada por la gracia y la fuerza de Dios.