La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Autor: Francisco Javier GARCÍA, quimico
Que los animales provienen unos de otros es comúnmente aceptado por la comunidad científica. El cómo ocurre esto es algo que todavía se discute.
Darwin pensó que la evolución transcurría a través de una lucha en la que sobrevivían los más aptos. Implícitamente suponía que los más aptos surgían al azar. La teoría así expuesta se aleja bastante del patrón que siguen las teorías científicas que rigen el mundo físico-químico en al menos dos puntos: la falta de un aparato matemático que la sustente y en su alarmante incapacidad para hacer alguna predicción de futuro.
La teoría así expuesta se aleja bastante del patrón que siguen las teorías científicas que rigen el mundo físico-químico en, al menos, dos puntos: la falta de un aparato matemático que la sustente y en su alarmante incapacidad para hacer alguna predicción de futuro.
Con el tiempo se ha visto que Darwin había subestimado la cooperación entre las especies y de otro lado, se han ido descubriendo pautas y regularidades que se han mantenido a lo largo de la evolución. Un ejemplo de cooperación sería la existencia de la mitocondria, el único orgánulo de nuestras células capaz de procesar el oxígeno y que cuenta con ADN propio. Respecto a las regularidades observadas un ejemplo sería que el número de tipos de proteínas encontradas es sorprendentemente reducido, muy inferior al número de combinaciones posibles a partir de los aminoácidos conocidos. (Otros descubrimientos pueden encontrarse en la Teoría evolutiva del desarrollo). Obviamente la existencia de dichas pautas permite afirmar que no todo es azar en la evolución.
El que Darwin errara en parte en sus hipótesis es, a decir verdad, muy humano. Tampoco la Teoría de la gravitación de Newton es capaz de describir un sistema de más de dos cuerpos como el sistema solar. No deja de llamar la atención, sin embargo, que mientras las leyes de Newton transpiran una atmósfera optimista, la visión de Darwin de la Naturaleza no puede ser más pesimista. De ahí que surja la sospecha de que la cosmovisión del científico juegue un papel importante, incluso determinante, en la elaboración de sus teorías.
Ahora bien, tales cosmovisiones tienen unas consecuencias prácticas más allá del pensamiento científico. Por ejemplo, Karl Marx se inspiró en las hipótesis de Darwin para formular científicamente su lucha de clases. Las innumerables víctimas de la lucha de clases a lo largo del siglo XX no son, por supuesto, achacables a Darwin, pero es lícito especular sobre cómo hubiese sido el marxismo si Darwin hubiese supuesto que la cooperación también juega un papel importante en la evolución.
Lo que no cabe ninguna duda es que el optimismo de Newton (y su confianza en encontrar las leyes que rigen el Universo) estaba basado en una visión cristiana de la Naturaleza, visión que Darwin, por lo que fuera, no tenía.