La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Autor: Urko de Azumendi, laico FM
El día de la patrona de la diócesis guipuzcoana de San Sebastián, su obispo titular, monseñor Munilla, realizó una extraordinaria homilía. Extraordinaria por varias razones; la primera por la claridad con la que habló, cualquier iletrado pudo entender perfectamente desde la A hasta la Z y esto créanme no es lo normal. Segundo por la naturalidad con la que optó por meterse en los charcos que habitualmente suponen mezclar la política con la religión. Tercero por poner el foco y alumbrar no sólo lo evidente y que todo el mundo cita y maneja en los debates de cafetería u oficina, sino también en lo que de verdad importa y todos obvian.
En Aránzazu, santuario mariano regido por la comunidad franciscana, famosa por hacer bandera del "progresismo" eclesial, contestataria, por el nacionalismo sincero aunque no criminal y con un enorme predicamento en la diócesis y en las vecinas, el obispo no dudó en sentar cátedra en una línea de pensamiento diferente al habitual en el santuario. Valiéndose de la figura de la Virgen, desde un punto de vista netamente corredentora, y poniéndola como Reina y Madre de Salvación entroncó el tema salvífico con el de la pura actualidad política.
En España todo parece indicar que ETA se rinde; a su manera pero se rinde, lo deja, abandona. Su "fracaso" puede resultar un éxito al buscar sus objetivos (los mismos) por métodos únicamente políticos. Para ello pretende utilizar cuanto tenga a su alcance, incluidos los presos miembros de la banda terrorista. Ahora están insistiendo en los enfermos "terminales" (término amplio en la calle no tanto en el mundo de la medicina) y en la necesidad de que mueran en casa con su familia y no en la cárcel. La decisión (que parece fundamentalmente política) de excarcelar a un preso en condiciones de salud muy malas (cáncer con metástasis)pero quizá no terminal, decidida tanto por el Gobierno como por un juez, ha soliviantado tanto a las asociaciones de víctimas del terrorismo como a un sector importante de los políticos y ciudadanos españoles que ven con miedo un fin de ETA dirigido por la banda y con un resultado muy positivo para los intereses de los terroristas separatistas.
Monseñor Munilla tocó en su homilía los temas fundamentales. Primero las víctimas del terrorismo. Su dolor e indignación es lógico y comprensible. "No olvidemos que tenemos todavía un gran déficit en el acompañamiento a las víctimas del terrorismo, que sufren las consecuencias del horror que padecieron." A esto hay que sumar que el preso ni se arrepiente ni da un paso en la dirección que debiera esperarse de alguien que desea una gracia en su estado penal. "me parece necesario denunciar que quienes han hecho y siguen haciendo de este principio humanitario un instrumento de reivindicación política sin condenar los atentados que se han cometido; humillan a las víctimas, dificultan la aplicación de estas medidas y, en definitiva, instrumentalizan el sufrimiento y los mismos principios humanitarios para evadirse de la autocrítica que tienen pendiente." Pero esta falta de reconocimiento de sus faltas no legitima los deseos de venganza y el odio que se percibe en ciertas declaraciones de personas justificadamente dolidas. "Ahora bien, al margen de cualquier ambigüedad en la condena de la violencia, también es necesario añadir una segunda reflexión: ¿Son conformes con el sentir cristiano y con la misma ética determinadas expresiones del siguiente tenor: «¡Que se mueran en la cárcel, que se lo tienen bien merecido!»?"(...)"Pero al mismo tiempo es necesario recordar que el mensaje cristiano es inequívoco: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien» (Rm 12, 21). No es suficiente con derrotar al terrorismo –aunque obviamente es necesario hacerlo–, sino que también es importante trascenderlo y superarlo moral y espiritualmente, sin dejarnos atrapar por la espiral de odio que genera."
"Ciertamente, es bueno que haya un legítimo debate sobre el margen prudencial con el que los presos que son enfermos terminales –según su actitud y otras circunstancias– puedan ser puestos en libertad para morir rodeados de sus familiares. Sin embargo, lo que no sería aceptable es la negación indiferenciada del mismo principio humanitario." He aquí una de las claves de la homilía. Los tiempos son importantes y la excarcelación se deberá otorgar cuando más convenga, pero no es cristiano negar la necesidad morald e excarcelar en algún momento y permitir que muera en compañía de los suyos. "No es suficiente con derrotar al terrorismo –aunque obviamente es necesario hacerlo–, sino que también es importante trascenderlo y superarlo moral y espiritualmente, sin dejarnos atrapar por la espiral de odio que genera."
Y entra en lo que nadie dice, en lo que nadie quiere entrar y que desde el punto de vista cristiano es la clave: "Unas personas que han cometido gravísimos crímenes podrían morir en un plazo más o menos breve. Como nos ocurrirá a todos nosotros en el momento de comparecer ante Dios al final de nuestra vida, también ellos escucharán las palabras de Jesucristo, que leemos en el Evangelio según San Mateo: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros (…) porque tuve hambre y me disteis de comer…». O por el contrario: «Apartaos de mí malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre y no me disteis de comer…»." (...) "Forma parte de la Tradición cristiana la oración por todos los enfermos graves y agonizantes, pidiendo a Dios la gracia de su conversión definitiva. Quien no desee la salvación eterna del prójimo, no tiene la disposición necesaria para acoger de Dios su propia salvación. Por ello, lo verdaderamente importante ahora es que, sin distraernos en disputas políticas, los creyentes aunemos nuestra oración por la conversión de los que se encuentran en esta situación, es decir, por su eterna salvación." El alma del preso no arrepentido está en gravísimo peligro. Puede ser condenada a la eternidad. Necesita la conversión y para ello va a necesitar de la oración de cuantos más mejor.
De la homilía se desprende que luchando quien lo desee legitimamente para que el preso salga cuando realmente esté terminal, sin negar esa exigencia moral (que debe morir en con los suyos), rechazando el odio que con sobradas razones ha podido instalarse en nuestros corazones, recemos caritativamente por el criminal, por su arrepentiemiento y para que se pueda reconciliar con sus víctimas. Así se comporta un cristiano y así nos lo pide el obispo de San Sebastián.