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La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.

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Cartas del Padre Santiago (28 de agosto de 2011)

Queridos Franciscanos de María, el instinto y el mundo nos enseñan que tenemos que huir del dolor. Sin embargo, la experiencia nos dice que en muchas ocasiones ha sido el sufrimiento el medio que Dios ha utilizado para purificarnos, para hacernos mejorar e incluso para que pudiéramos encontrar cosas mejores gracias a que habíamos perdido otras, aunque esa pérdida nos hiciera sufrir mucho. Además, la fe nos enseña también que, a imitación de Cristo, podemos ayudar a otros ofreciéndole al Señor nuestros problemas. Esta forma de ver las cosas, de ver la vida, que nos da Dios contrasta con la del mundo. Por eso, la gente sin fe vive huyendo permanentemente de las dificultades y al hacerlo cae con frecuencia en otras mayores. En cambio, el seguidor de Cristo le pide ayuda a Dios para no huir y para abrazar la cruz de cada día. Claro que esta postura, si no estuviera matizada por el sentido común y por el ejemplo del propio Cristo, nos podría conducir a un masoquismo inhumano e intolerable. Por eso se trata de buscar el equilibrio y de aceptar, con alegría incluso, el sufrimiento que Dios envía y que no podemos evitar. Podemos y debemos ir al médico para curarnos y del mismo modo debemos comportarnos con los que están enfermos; pero mientras hace efecto la terapia o si no hace efecto, tenemos algo que aceptar y ofrecer al Señor, podemos entrar en comunión con Él a través de esa “eucaristía” tan particular que es el sufrimiento. Esta es la “inteligencia de Dios” de la que nos habla el Evangelio de esta semana. Sólo aplicándola seremos capaces de no convertir nuestra vida en una eterna huida, seremos capaces de cumplir con nuestras obligaciones e incluso de poner cargas extra en nuestras espaldas para aliviar a aquellos que ya no pueden llevar la suya.

 

En cuanto a los temas de formación, tal y como vimos en la reunión con coordinadores que hemos tenido durante la JMJ en Madrid, no va a haber una única formación para todos los grupos. Los grupos de jóvenes deberían profundizar durante el mes de septiembre en los discursos del Papa y en los comentarios que otros y yo hemos escrito a esos discursos y que aparecen en nuestra web de apologética (www.catolicos-on-line.org); de esta forma evitaremos que ese mensaje se pierda y no haga el efecto querido por Dios y por el Santo Padre. Para los grupos de matrimonios, podría ser interesante empezar a estudiar los capítulos de Moral Familiar que están en nuestra web de espiritualidad (www.frmaria.org), o que todos los miembros del grupo vieran durante la semana en la propia casa uno de los capítulos de espiritualidad matrimonial que están en nuestra televisión (www.magnificat.tv) para luego comentarlo en el grupo. Para los grupos de adultos, aparte de cualquiera de los temas anteriores, podría ser útil hacer lo mismo con los temas sobre el agradecimiento que están en nuestra televisión o, si eso no les es posible porque algunos no tienen internet, el que sí tenga podría extraer de la web de espiritualidad cualquiera de los temas de formación que están allí, o los testimonios, imprimirlos y darlos a los miembros del grupo para que los lean durante la semana y también ellos mejoren su formación.

 

De este modo, la reunión quedará configurada en dos partes. La primera girará en torno a la palabra de vida y al intercambio de experiencias personales que se hayan tenido durante la semana. La segunda se dedicará a la formación. No hay que olvidar que ambas partes deben ser preparadas en casa –que es donde se hace la tarea de la escuela-, bien viviendo el Evangelio o bien leyendo el tema de formación que se haya decidido estudiar. Y siempre lo fundamental será asegurar la unidad entre nosotros para que el Señor pueda estar en medio nuestro, pues eso será lo que nos llene el corazón y lo que nos haga desear volver a la semana siguiente al grupo, venciendo la pereza o encontrando un hueco en las múltiples obligaciones que todos tenemos.

 

Que Dios os bendiga.

 

P.Santiago

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