La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Autor: Santiago MARTÍN
La JMJ tiene “flecos” que corren el riesgo de pasar desapercibidos porque los medios de comunicación se fijan menos en ellos. El hecho de que el Papa se dirija a grupos minoritarios, en el marco de este gran evento, hace que parezcan menos importantes. No es así. De estos “flecos” merece la pena destacar el encuentro con las religiosas jóvenes que tuvo lugar en El Escorial y la Santa Misa celebrada en la catedral de La Almudena con cuatro mil seminaristas.
La reunión con las monjas había estado precedida por una polémica. Las religiosas que no suelen llevar hábito habían protestado porque la organización había pedido que, al menos en esa solemne ocasión, lo portasen. Varias habían aparecido en diversos medios en los días anteriores mostrando su discrepancia con el Papa. Su Santidad no tocó la cuestión en su discurso pero sí habló de ser signos visibles de Dios en medio de una sociedad secularizada, para mostrar a un mundo ateo y agresivo que Dios llena el corazón del hombre y es capaz de hacerle feliz.
En cuanto a los seminaristas, la cuestión de fondo no era tanto la forma de vestir sino el espinoso asunto de la pederastia. El Papa, también en esta ocasión sin hablar directamente del asunto, les dijo que no debían ser sacerdotes si no estaban firmemente convencidos de querer serlo y si no estaban dispuestos a ser santos e incluso a ser perseguidos. Les pidió, además, que fueran obedientes y con ello afrontó el segundo problema del clero: la disidencia doctrinal; efectivamente, no pocos sacerdotes enseñan o permiten que se enseñe doctrina no católica y eso hace un enorme daño al pueblo de Dios, que cree ingenuamente que lo que le dicen los curas es lo que enseña la Iglesia. Por lo tanto, el Papa ha puesto claramente las cartas sobre la mesa: necesitamos curas y los necesitamos con urgencia, pero no queremos hacer rebajas a la hora de admitir candidatos, queremos que sean santos y obedientes. O esto o se quedan en su casa.