La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Queridos franciscanos de María, ante todo feliz Navidad. Además, este es el propósito para esta semana: disfrutar de la Navidad, dejarnos envolver por ella, abrazar por ella, reconstruir por ella. Se habla de la "magia" de la Navidad o del "ambiente" navideño. En realidad son formas de expresar lo que nosotros, los cristianos, sabemos que hay detrás de ese sentimiento que a muchos embarga en estas fechas y que si bien puede tener algo de artificial y mucho de consumista, tiene su origen en un acontecimiento extraordinario: el nacimiento del Hijo de Dios. "Dios te ama -vino a decirnos con su presencia Jesucristo-. Y para que veas cuánto te ama, yo -Dios verdadero- me he hecho hombre por ti y he nacido en una cueva de ovejas por ti, y he pasado por todo tipo de penalidades y sufrimientos por ti. Dios te ama y yo, el niño de Belén, soy la prueba de ese infinito e inmerecido amor".
Dios te ama, pero sufres y enfermas. Dios te ama, pero te quedas sin trabajo y se te mueren los seres queridos. Dios te ama, pero tus planes no se realizan y almacenas frustraciones. ¿Son incompatibles ambas cosas? ¿Está reñido el amor de Dios con la enfermedad, la muerte, el dolor, los problemas? Si fuera así, entonces Jesús no habría nacido en la cueva de Belén ni habría muerto como un criminal en el Gólgota. Pero si nació donde nació y murió como murió fue precisamente para que, viéndole a Él, nos hiciéramos esta pregunta: ¿No será que el amor de Dios lleva consigo dones diferentes del dinero, la salud, el poder o la realización de los planes humanos? O, dicho de otra forma, ¿no será que lo que Dios quiere decirnos y enseñarnos es que es posible ser feliz siendo pobre, enfermo, anciano o con la familia rota? Todo el mundo necesita ser amado para ser feliz, pero ese "mínimo" imprescindible de amor es lo que Dios aporta; el resto de lo que hace falta para alcanzar la felicidad no es recibir sino dar amor. Para eso ha venido Jesús, para que tengas al menos el mínimo del amor necesario y luego, apoyándote en él, como respuesta agradecida al amor recibido de Dios, empieces tú a amar. La felicidad está en dar más que en recibir. Pero para empezar a dar amor, alguien tiene que habernos enseñado, habernos puesto en movimiento. Eso es lo que ha hecho Jesús. Ha amado el primero. Esta semana, déjate querer por Él y luego haz tú lo mismo.
Desde nuestra televisión (www.magnificat.tv) estaremos retransmitiendo en directo las celebraciones del Papa en el Vaticano y en semidirecto las que presidimos los franciscanos de María en Madrid. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.
P.Santiago