La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Decimos que todo va mal, que las nuevas generaciones son peores que nosotros y que el mundo va camino de una ruina moral. La frase: cuando yo era joven… se la oía a mi padre y posiblemente él al suyo. La malo es que mi hijo también me la oye decir a mi.
Todo eso puede ser cierto. En parte.
Porque hay esperanza lo que ocurre es que nuestras gafas de ver de cerca no nos dejan ver lo que está pasando, nos miramos mucho el ombligo sin ver las perspectiva del camino y la esclerosis hace que olvidemos rápido cosas como la JMJ.
Dejadme que con orgullo de padre os cuente batallitas de mis hijos (prometo no colgar una foto de ellos...)
Mi hija mayor usando Facebook monto una operación kilo y con sus medios recaudó 11,500 kg de comida que recogió kilo a kilo en casa de cada donante y luego llevó al Banco de Alimentos. A costa de su tiempo y de su dinero. Con una sonrisa y con la sola remuneración de pensar que esos kilos darán un alivio muchas familias que lo están pasando mal en la casa que está a la espalda de la nuestra. No hay que ir más lejos que eso.
Mi segundo hijo acababa su curso en Mayo y ante la perspectiva de tenerle cuatro meses jugando a la Play le pregunte por sus intenciones. Hoy está en Camboya ayudando a Monseñor Figaredo en una obra pastoral a través de la ayuda social entre los que viven en el drama que dejaron los Khemeres Rojos.
Hay esperanza, las flores que están brotando, muchas o pocas, serán las que alimenten la paciencia y misericordia divina en los próximos años. Dios dirá, como en Sodoma, que si hay solo uno que lo merezca, salvare la humanidad y los hay y son jóvenes.