La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios. Lucas 18,25
Esta lapidaria frase de Jescristo no da para muchas interpretaciones y es sumamente inquietante. Asumimos sin problemas los católicos que la promiscuidad, connatural a nuestra sexualidad, debe ser reprimida. Es un mandato divino que todos entendemos y en la medida de nuestras fuerzas y la Gracia recibida cumplimos. En cambio, el ansia de riqueza (sin valorar el grado) lo entendemos como algo tan natural como positivo; y el mandato divino es igualmente explícito. "Oyendo esto Jesús, le dijo: «Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme.»" Lucas 18,22
¿Qué debo hacer al respecto? No voy a generalizar, tan sólo diré lo que yo creo que debo hacer. Lo que tengo claro es que si yo me convirtiese en muchimillonario, el camino hacia el infierno se me abriría de par en par. No soy de familia especialmente acaudalada y no hecho mayor fortuna yo tras mi emancipación. Por ello no sabría comportarme (probablemente) de manera acertada y me obcecaría por lograr ampliar mi fortuna. Por ello practicamente nunca juego a los juegos de azar y cuando lo hago deseo un premio modesto que me de una alegría y me ayude a tapar algún agujero, pero nada más.
Pero ¿acaso la riqueza implíca la condenación? NO, la respuesta es clara. Pero muchas son las maneras de condenarse amasando fortunas y pocas las de salvarse. ¿Cuál es la mejor manera de intentar salvarse sin renunciar a la fortuna? El otro día leí algo que bien pudiera dar luz sobre este tema. Se trataba de un debate acerca de si los ricos crean empleo o no. Decía quien defiende la tesis afirmativa (hablamos de rico como emprendedor activo no como heredero ocioso):
Es la iniciativa de determinados individuos la que primero permite crear empleo y no al revés y en ellos está el origen de la clase media en términos estrictamente económicos, fenómeno ligado a procesos de liberalización de los factores de producción y emprendimiento, así como a fenómenos de industrialización que abarataron costes, mejoraron salarios y permitieron el desarrollo del comercio y los servicios auxiliares. Sin ingenio y riesgo por parte de una serie de individuos ni existiría clase media ni la sociedad habría evolucionado como lo ha hecho.
Si un hombre rico en bienes decide invertir su talento, sus dineros y su tiempo en crear industria, generar empleo y hacer más rico a la sociedad, ayudando así a crear un mundo mejor, dicho rico estará eludiendo con más facilidad las puertas del infierno que aquel pobre de solemnidad, que nada hace por mejorar su vida ni la de quienes le rodean y sólo sabe lamentarse y vivir amargado.