La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
El sábado pasado, PS recordó que se acercaba la fecha de renovar las promesas para los que ya las tenemos y supongo que habrá grupos en los que algunos estarán considerando hacerlas por primera vez. Nos recordó las grandes líneas de lo que éstas suponen:
- En cuanto a la espiritualidad:
- En cuanto a estilo de vida:
- Así como otros temas como acudir a los Retiros mensuales.
Cada uno hará su propio examen de conciencia y al hacerlo sin duda todos caeremos en aplicar la teoría de los vasos comunicantes. En un vaso habrá un poco “de más” que intentaremos convencernos que puede servir para compensar otros vasos en los que hay “un poco de menos”.
A nadie se le escapa que hacer unas promesas es ir un paso más allá, que supone un esfuerzo sobre las rutinas cotidianas que en un católico “estándar” ya tienen un cierto grado de exigencia. A nadie se le escapa que, como a todo católico de a pie, el grado de cumplimiento es a veces, un poco deficiente. Seguramente hay áreas en las que fracasamos recurrentemente y al llegar el momento de renovar, de decidir renovar, son aquellas sobre las que hay que hacer un esfuerzo adicional.
Como nos han explicado muchas veces, debemos seguir el camino de santidad pero fácil e inmediato no es y seguro que Él lo sabe.
Y sobre todo, el camino alternativo, rendirse, es lo último. Vivimos en un mundo de comodidades y relajamiento, si ante una meta que nos exige esfuerzo nos rendimos, ¿cómo vamos a abordar el resto de los retos de la vida?
Por tanto, no hay duda, renovaremos a pesar de los incumplimientos y buscaremos ayuda para seguir adelante.