La misión de los Franciscanos de María es vivir y difundir la espiritualidad del agradecimiento, ayudando a todos a comprender que ése es el corazón del Evangelio, aquello que Dios espera y tiene derecho a encontrar en el corazón del cristiano.
Nació el día de Navidad de 1916 en Krivá, Eslovaquia, país del imperio austro-húngaro. Era la penúltima de once hijos. Fue bautizada, tres días después, con el nombre de Cecilia. Sus padres, Pavol y Susana, que formaban una familia muy religiosa, impartieron a todos sus hijos una ejemplar educación cristiana, fundada en la oración. En 1929 empezaron a colaborar en la parroquia las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz. En 1931, Cecilia, atraída por el amor y la entrega de las religiosas, a los quince años, solicitó la admisión en el convento, decidida a consagrar su vida al amor a Dios y al prójimo. Tanto sus padres como sus hermanos se alegraron mucho y se sintieron muy orgullosos de su elección. Hizo estudios de enfermería durante dos años y luego un curso de especialización en radiología. En 1936 entró en el noviciado y el 30 de enero de 1937 emitió la profesión religiosa, escogiendo como nombre Zdenka.
En 1939, la parte checa del país quedó anexada al Reich alemán, de forma que Eslovaquia se convierte en un estado diferente, satélite de Alemania. Hasta 1942, sor Zdenka sirvió en un hospital del centro de Eslovaquia oriental; después, es requerida en el hospital público de Bratislava. Zdenka era concienzuda, estaba dotada de un sentido innato del orden y de la limpieza, poseía una gran sensibilidad que le permitía comprender a los enfermos y era apreciada y valorada tanto por los médicos como por los pacientes. La oración es el alma de su vida, como ella misma dice: «En mi servicio hospitalario, me traslado del altar de Dios al altar de mi trabajo« No tengo miedo a nada, e intento abordarlo todo con alegría. Mi anuncio del Evangelio lo realizo más con el ejemplo que con las palabras, como lo hizo Cristo al manifestarse mediante el testimonio de su vida».
En 1945, Checoslovaquia es reconstituida, pero a finales de febrero de 1948, los soviéticos imponen el comunismo. Las industrias y las propiedades son estatalizadas, una reforma agraria desposee a la Iglesia y la mayoría de los periódicos quedan proscritos. En abril de 1949, se crea una comisión para proceder a la supresión sistemática de la Iglesia Católica. En 1950, con el pretexto de que son lugares de revuelta contra la democracia popular, los conventos son clausurados. Sin embargo, las religiosas que trabajan en hospitales, a falta de personal laico cualificado, pueden conservar temporalmente su empleo. Son muchos los sacerdotes, seminaristas y religiosos que intentan huir a Occidente, pero no existe posibilidad legal alguna de hacerlo. Además, cualquier ayuda a un fugitivo es considerada como traición al país, implicando penas muy severas.
A lo largo del año 1951, un sacerdote muy activo, Stefan Kostial, fue encarcelado y torturado por haber intentado huir del país. En un estado de total extenuación, fue trasladado al hospital de Bratislava, donde Zdenka le dedica toda su atención. Tras recuperar fuerzas, el 20 de febrero de 1952 debe comparecer ante un tribunal para ser juzgado. Sor Zdenka contactó entonces con personas que podrían ayudarle a escapar y, durante la noche del 19 de febrero, tras preparar un té al vigilante de guardia y añadirle un somnífero, Stefan Kostial consiguió huir. Después de la fuga del sacerdote, sor Zdenka oró así ante la cruz en la capilla del hospital: "Jesús, te ofrezco mi vida por la suya. ¡Sálvalo!". Unos días más tarde, fracasa una tentativa para ayudar a evadirse a otros sacerdotes.
Fue detenida el 29 de febrero de 1952. Sufrió crueles interrogatorios, con grandes humillaciones y torturas, hasta que, el 17 de junio, acusada de alta traición, uno de los peores crímenes contra el Estado, fue condenada a doce años de cárcel y diez años de pérdida de los derechos civiles. Sor Zdenka había escrito: «No tengamos miedo de sufrir. Dios nos da siempre la fuerza y el coraje necesarios. Siempre creeré en su gracia, y nada me trastornará, ni la tormenta ni las nubes amenazadoras. Si eso ocurre, será por poco tiempo. Mi confianza y certidumbre se verán reforzadas».
El 26 de junio de 1952 fue trasladada a la cárcel de Rimavská Sobota y luego, el 16 de abril de 1953, como castigo por no haber colaborado con los guardias, a la cárcel de Pardubice, mucho más dura. Su vía crucis prosiguió por diversas prisiones y hospitales de cárceles, pues a causa de las torturas se le produjo un tumor maligno en el pecho y se agudizó la tuberculosis.
Hasta los últimos momentos de su vida terrena soportó todos los sufrimientos con paciencia heroica, con firme determinación, dispuesta a morir por Dios y por el bien de la Iglesia, y sin ningún rencor con respecto a los que le habían causado esos sufrimientos. Mientras era golpeada casi hasta la muerte, susurró: "El perdón es lo más grande de la vida". El 7 de abril de 1955, las autoridades políticas, previendo que le quedaba poco tiempo de vida, para que no muriera en la cárcel, le concedieron la amnistía. Quedó en libertad el 16 de abril. Una religiosa que también había sido encarcelada y liberada como ella la acogió, pero pronto le dió a entender que no pueden permanecer juntas. Para no comprometer la vida de esa hermana, sor Zdenka se dirige a Bratislava, presentándose a la superiora del convento, en el hospital público. Pero, ante el temor de esta última de que su presencia pueda causar problemas, sor Zdenka debe marcharse. Aunque comprende los argumentos de la superiora, ese rechazo la hiere profundamente. En Trnava, adonde llega extenuada en compañía de Apolonia Galis (que llegará a ser religiosa de la Santa Cruz), se produce una nueva decepción: las hermanas tampoco quieren recibirla. Apolonia la acoge en su casa, pero una semana después debe ser hospitalizada. Tiene metástasis cancerosas en ambos pulmones. Al despuntar el día del domingo 31 de julio de 1955, sor Zdenka entregó su alma a Dios tras haber recibido la sagrada comunión. Muere con 38 años.